Desde mi ventana

Desde mi ventana observo venus, un punto brillante, insignificante, diminuto. Hace que me sienta minúsculo en este planeta, alguien mas, del montón, un grano de arena mas en un inmenso desierto sin vida, sin metas que conseguir, incapaz de moverme si no  es por el viento que me impulsa a su antojo en una dirección y en otra. Choco y vuelvo a chocar con mas granos de arena sin encontrar un sitio, el sitio perfecto para que así el viento me deje tranquilo y por fin conozca ese grano que tanto ansió, con el que pasar el resto de mi inerte vida. Me siento como un preso recién fugado de alguna cárcel en la que alguna vez fui injustamente encerrado, incapaz de hacer nada para demostrar mi inocencia, sometido al aislamiento de paredes grises, agrietadas, descolchadas y comida nauseabunda, sin contacto humano, sin la luz del amanecer abarrotada de vida, sin la luz del anochecer cargada de sentimientos, de afecto, de contacto físico humano. Desde mi ventana veo Venus, desde mi ventana me hacen creer que diviso un punto de luz en una noche perfectamente dibujada en un tapiz vacío, lleno de barrotes cada vez más oxidados por la lluvia y deteriorados por el tiempo. Desde mi ventana ya no veo Venus, ya no veo libertad, solo veo mi rostro envejeciendo y la puerta cerrada.