Otra vez

Mis pensamientos electrificados por la fuerte corriente que circula en el ambiente impiden que puede llegar a oír los fuerte latidos de mi corazón, que intensivamente me manda señales, que le haga caso y me dejé arrastrar aunque sea una sola vez por la marea.

 

Hace tiempo que el mar está en reposo, las tempestades suenan a edades antiguas, palabras ahogadas con las sirenas muertas. Sirenas, bellas, eléctricas, hipnóticas y a la vez malvadas, capaces de ser carnívoras y arrancarte el aliento de un bocado para luego regurgitarlo y esparcirlo por la borda.

Pero no todas las sirenas son malvadas, la excepción se esconde en las profundidades, donde la presión es tan densa que ni la propia luz es capaz de atravesar, donde habitan las peores criaturas, propiamente sacadas de libros de fantasía.

Esa propia fantasía es la que quiero volver a experimentar, hacerme fuerte, ser valiente y tener el coraje suficiente para poder surcar las profundidades, plantar cara a cualquier atisbo de peligro, derribar cualquier barrera, la falta de luz, la angustia por no poder respirar, conseguir lo que fui a buscar y salir a la superficie tomando esa bocanada de aire que me sepa como el primer beso, aquel beso torpe, lento, frío, pero a la vez con la cantidad de calor que proporciona a mi cuerpo la dosis necesaria para sentir la llama interior, hacer que la corriente que circula por mi cuerpo haga caso omiso a la señales de tráfico impartidas por mi cerebro y exploten, llenándome de luz. Esa luz necesaria para ver mi camino, y así poder tomar el correcto y gritar sin miedo, en el punto más alto, que por fin soy libre.

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