Pesadillas

No me quise dar cuenta, me cegué por la pasión, por la locura, por el momento. No hice caso a mis sentimientos, no les escuchaba, no me di cuenta de lo que estaba haciendo. Todo era perfecto, no veía ninguna complicación en el horizonte, me deje llevar por las caricias, los besos, los abrazos, las miradas, las respiraciones que se acompañaban al compas de los latidos del corazón. Daba igual donde estuviéramos, cualquier lugar parecía perfecto, no importaba la compañía, siempre hacíamos lo que nuestros impulsos nos dictaban, casi estábamos obligados, obedeciendo siempre por un mismo patrón, desbocarnos.

Ahora, cobijado en el calor de mi cama, aislado de cualquier contacto humano, encerrado tras cuatro paredes cada vez mas frías, arropado por la densa noche, hipnotizado por la música erróneamente elegida. Ahora, es cuando me doy cuenta del momento que tenia que haber dicho NO. Ahora ya es tarde, no hay marcha atrás, no se puede rebobinar este reproductor de marca “Mi Vida”. No, no tiene esa opción. En la oscuridad, intento cerrar los ojos, intento descansar mi cuerpo, mis sentimientos, mi corazón. Pero no hay forma de que mis pesados parpados se cierren, que sueñe, que mi mente se evapore por lo menos un par de horas. A cada intento de mi cuerpo en acomodarse en la distancia de mi habitación, de mi cama, los susurros acrecientan de manera escalofriante, casi noto su aliento en mi cuello, en mis orejas heladas, en mi boca. Las sombras deambulan por aquel cuarto a oscuras, una pequeña luz ilumina aquella habitación pero me vuelvo a engañar, es solamente la luz de mi ordenador.  Por mas que de vueltas y vueltas, arrugue las sabanas, descoloque el edredón, mis ojos siguen abiertos, viendo esas sombras que con el paso del tiempo se van haciendo mas humanas, mas reales, podría incluso ver a la perfección, los rasgos característicos de aquel rostro, sus imperfecciones se convierten en perfectas a mi vista, puede que sea la poca luz que habita en mi habitación, o simplemente, es lo que yo veo con mis propios ojos. El insomnio llama a mi puerta, pero yo no le escucho, la música me envuelve en el recuerdo, en las fantasías que podían haber llegado pero que no lo hicieron. No paro de tiritar, ya no de frio, casi me he  acostumbrado, si no  del miedo, del miedo a que las pesadillas vuelvan. Esta vez no sueño con monstruos de cuatro brazos, seis ojos, cinco piernas, piel escamosa, saliva verde y aliento asqueroso. Esta vez sueño con un cabello oscuro, tez pálida y suave al contacto con mi piel, voz que al ser oída por mis sentidos me entra una pequeña risa y las comisuras de mis labios se extienden hacia las orejas, escalofríos al oler su aliento, maravilloso, dulce, cálido. No hay vuelta atrás, la noche llega a su final, y yo sigo aquí, tumbado, despierto, en la oscuridad.