Palabras

 

Todo comienzo es dulce, lo saboreas como si fuera el primer bocado de tu vida, al introducir ese manjar en tu boca tus sentidos se nublan dejando pasar todas las sensaciones irracionales por tu cuerpo, tus músculos se contraen por la fuerte implosión que se produce dentro de ti, el desenfreno entra sin avisar haciendo que lo racional y lo correcto no exista en tu vida. Te dejas llevar por las sensaciones producidas, por la novedad del momento, por la calidez de la piel ajena en contacto con la gelidez de la tuya. El beso se hace esperar producido por el nerviosismo que habías conseguido olvidar al estar enfrente del sexo opuesto. El momento llega rápido, cortante, dejándote sin aliento, sin tiempo para reaccionar solamente puedes seguir el compas de su boca, el juego que su lengua quiere empezar con la tuya, las caricias son cada vez mas intensas mas fuerte, vuestros cuerpos entran en una batalla limpia en la que no habrá ningún ganador solamente es por el placer de luchar. La intensidad de la noche en vuestras cabezas avanza a la vez que la pasión se apodera del ambiente, los cristales cada vez más opacos hacen que tus ojos no capten la belleza de la noche, que solo te concentres el la belleza humana que se cierne sobre tu cuerpo. Los besos, caricias, abrazos siguen de forma descontrolada a la vez que los minutos pasan en forma de centésimas de segundos. Eran demasiadas las sensaciones que tu cabeza llego a mezclar en tan poco tiempo, la necesidad de otra persona en tu vida apoderada por el miedo a que alguien te acompañe en tu viaje, los días transcurren de forma rápida y alocada, la comodidad se va haciendo hueco en la monotonía, la intensidad acrecienta de manera intensa y tus pensamientos están confusos, el miedo vuelve a ti como si nunca se hubiera ido, resignándose a dejar tu cuerpo. Las palabras que salieron de tu boca conectaron de manera inmediata con las que tus oídos recogían, pero fueron insuficientes, cada uno tenia una percepción distinta de esas palabras.

 

 

Anuncios

Puertas

Todavía recuerdo el instante en que aquella puerta se cerró ante mí.

La verdad, la venia venir. Veía como la corriente de las ventanas abiertas empujaban poco a poco a la puerta, veía como los recuerdos colgados en ella se caían por su propio peso, cada vez mas borrosos, veía sus manos ayudando a la corriente a cerrarla, veía su cabello deslizarse con gracia, veía sus ojos grandes y verdes decirme adiós, veía su rostro con pequeñas lagrimas.

Ya no veía nada. Se cerró. Se cerro para siempre, se cerro dejándome solo, vacío, a mi suerte, desamparado. Me encontraba allí, delante de la puerta, a oscuras, buscando en mis bolsillos un llavero que con suerte tuviera la llave de aquella puerta, busque durante mucho tiempo, luchando contra la oscuridad del lugar, luche con todas mis fuerzas, con toda mi alma, hasta mi último aliento producido por el cansancio y la desesperación, pero mi lucha fue en vano, no me di cuenta que aquella puerta ya no tenia cerradura. Cuando me di la vuelta estaba completamente cegado por la densa oscuridad de aquel lugar, hacia frio, olía a humedad, a rancio, oía las gotas de agua caer de forma intermitente. Me arrastre por la pared, de un lado a otro buscando un interruptor que le diera claridad al lugar todavía desconocido en el que me encontraba. Me costó encontrarlo, ya que iba demasiado despacio, ya no por no saber donde tenía que pisar, si no por el miedo a la oscuridad que desde niño me acompaña. Cuando conseguí alcanzar aquel interruptor, fogonazos de luces se introdujeron en mis ojos, taladrando mi cerebro, fue un dolor espantoso, llevaba demasiado tiempo a ciegas. Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz pude apreciar el lugar en el que me encontraba.

Era un pasillo demasiado largo como para otear el final, era muy distinto de como mi cabeza se lo imaginaba. Estaba repleto de puertas, infinitas, cada puerta era diferente a la anterior, mas viejas, mas nuevas, diferentes colores, diferentes tamaños, estilos, estaban repartidas a lo largo y ancho de aquel pasillo el cual era estrecho, las paredes de un color crema acogedor, una alfombra sobre mis pies fríos y descubiertos. Aquel pasillo daba una sensación de tranquilidad, era acogedor, todo lo que contenía invitaba a quedarse allí, había  objetos que colgaban de las paredes, conseguí apreciar algunos de ellos, eran fotografías, muchas de ellas me eran familiares, tanto que eran mis recuerdos, pero la mayoría me dejaban desconcertado, reconocía mi rostro pero no el lugar ni la compañía con quien estaba, todo era demasiado extraño y dudoso para mi cabeza.

De repente y sin previo aviso las puertas se empezaron a abrir de golpe. Un ruido ensordecedor anulo mí sentido de la audición, me dejo desorientado, aturdido durante apenas unos segundos. Me quede mirando las puertas que alcanzaba mi vista, cada una de ellas desprendía una luz distinta, aromas embriagadores que aunque fueran diferentes te atrapaban en una nube hipnótica de pasión. Poco a poco fui acercándome a cada una de ellas, no me atrevía a entrar, fui de forma sutil, sin hacer ruido. Cada vez me adentraba mas en las distintas habitaciones que se escondían detrás de las puertas. Eran sensaciones únicas, algunas ya conocidas, otras no. No me atrevía a quedarme demasiado tiempo en aquellas habitaciones, me daba pánico  permanecer en ellas, pensar que la puerta se cerraría de nuevo.

Al salir de la ultima habitación, me fije en una puerta, una que hasta entonces no me había fijado, estaba oculta, la bombilla que estaba encima del marco estaba apagada, lo que hacia  que aquella puerta fuera cautivadora, y la peligrosidad que desprendía era un imán para mi cuerpo. La puerta era preciosa, un diseño espectacular, no se parecía en nada a las demás que había visto y visitado. El olor que desprendía te atraía de forma inusual aun estando cerrada, me acerque, con precaución, no sabia lo que me iba a encontrar, una vez delante de aquella puerta acerque mi mano hacia el pomo, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo.

Una vez abrí la puerta fue increíble, la luz me atrapo enseguida, un cumulo de emociones salieron disparadas directas a mi. Fue un impacto seco, no me dolió al revés, me reconforto, me atrapo en un abrazo cálido, sensual, mi mente enseguida se evaporo en aquel lugar. Todo pasó muy rápido, no me di cuenta de que la habitación no era la elegida para mí, que no era la correcta,  que era una ilusión propia del calor mas sofocante producida en el desierto, veía el oasis, pero nada de aquello era real. Todo lo que contenía aquella habitación no me pertenecía, solo me dejo entrar para que estuviera entretenido en el camino, para que mi cabeza creyera, para que mi cuerpo sintiera, para que mi corazón latiera. Esta vez no lo vi venir, mis ojos estaban ocupados cegado por las sensaciones  que desprendía aquella habitación, estaba hipnotizado. Cuando abrí los ojos ya no estaba allí, no podía apreciar el olor sensual y embriagador que me atraía, no podía ver la luz tenue que me abrazaba y me cubría, no podía verla a ella. Me encontraba otra vez en aquel pasillo, otra vez a oscuras, pero ahora sabia lo que tenia que hacer.

Pesadillas

No me quise dar cuenta, me cegué por la pasión, por la locura, por el momento. No hice caso a mis sentimientos, no les escuchaba, no me di cuenta de lo que estaba haciendo. Todo era perfecto, no veía ninguna complicación en el horizonte, me deje llevar por las caricias, los besos, los abrazos, las miradas, las respiraciones que se acompañaban al compas de los latidos del corazón. Daba igual donde estuviéramos, cualquier lugar parecía perfecto, no importaba la compañía, siempre hacíamos lo que nuestros impulsos nos dictaban, casi estábamos obligados, obedeciendo siempre por un mismo patrón, desbocarnos.

Ahora, cobijado en el calor de mi cama, aislado de cualquier contacto humano, encerrado tras cuatro paredes cada vez mas frías, arropado por la densa noche, hipnotizado por la música erróneamente elegida. Ahora, es cuando me doy cuenta del momento que tenia que haber dicho NO. Ahora ya es tarde, no hay marcha atrás, no se puede rebobinar este reproductor de marca “Mi Vida”. No, no tiene esa opción. En la oscuridad, intento cerrar los ojos, intento descansar mi cuerpo, mis sentimientos, mi corazón. Pero no hay forma de que mis pesados parpados se cierren, que sueñe, que mi mente se evapore por lo menos un par de horas. A cada intento de mi cuerpo en acomodarse en la distancia de mi habitación, de mi cama, los susurros acrecientan de manera escalofriante, casi noto su aliento en mi cuello, en mis orejas heladas, en mi boca. Las sombras deambulan por aquel cuarto a oscuras, una pequeña luz ilumina aquella habitación pero me vuelvo a engañar, es solamente la luz de mi ordenador.  Por mas que de vueltas y vueltas, arrugue las sabanas, descoloque el edredón, mis ojos siguen abiertos, viendo esas sombras que con el paso del tiempo se van haciendo mas humanas, mas reales, podría incluso ver a la perfección, los rasgos característicos de aquel rostro, sus imperfecciones se convierten en perfectas a mi vista, puede que sea la poca luz que habita en mi habitación, o simplemente, es lo que yo veo con mis propios ojos. El insomnio llama a mi puerta, pero yo no le escucho, la música me envuelve en el recuerdo, en las fantasías que podían haber llegado pero que no lo hicieron. No paro de tiritar, ya no de frio, casi me he  acostumbrado, si no  del miedo, del miedo a que las pesadillas vuelvan. Esta vez no sueño con monstruos de cuatro brazos, seis ojos, cinco piernas, piel escamosa, saliva verde y aliento asqueroso. Esta vez sueño con un cabello oscuro, tez pálida y suave al contacto con mi piel, voz que al ser oída por mis sentidos me entra una pequeña risa y las comisuras de mis labios se extienden hacia las orejas, escalofríos al oler su aliento, maravilloso, dulce, cálido. No hay vuelta atrás, la noche llega a su final, y yo sigo aquí, tumbado, despierto, en la oscuridad.

Deseo

 

La noche empezó apacible, sin hacerse notar, desterrando al sol del cielo poco a poco, silenciosamente. Fue una batalla limpia sin sangre, sin heridos, nos fue arrebatando los pequeños rayos de sol que producían pequeños atisbos de calor en nuestros cuerpos. Pero la noche le robo algunos de esos rayos al sol para que nos acostumbráramos a su presencia, quería ser querida y sabía perfectamente como hacerse querer, con lo que mas queríamos en aquella noche. El calor.

Las cervezas comenzaron solitarias, en un ambiente acogedor, con gente insignificante para mis sentimientos, pero arropado por el calor humano, por los susurros, por las conversaciones ajenas, las sonrisas. La música en un tono apacible y aceptable para mantener una conversación penetraba en los oídos de forma suave, cálida, como un paño de seda que acaricias y que no puedes dejar de tocar. Mis palabras fueron saliendo con el paso del tiempo, a cada trago de cerveza las escupía sin pudor, necesitaba sacar los sentimientos mas ocultos, mas oscuros, necesitaba que mi acompañante me escuchara, me entendiera, me acogiera, y me abrazara en la consolación. Y así fue, fue acogedor, amigable, paciente, apacible conmigo, sabía escuchar, y comprenderme que era lo más importante.

Otra cerveza refresco mi garganta seca por las palabras expulsadas al exterior, con el tercer trago de aquella bebida, de repente y sin avisar, la música desapareció, los susurros de la gente se perdieron en la noche, las conversaciones se escondieron entre las paredes del local, la multitud se evaporo de manera instantánea y silenciosa. Un frio inusual para mis sentidos se apodero de mí. La vi de lejos, entre la multitud, destacada entre la oscuridad, la belleza deslumbro con un destello negro. Me quede paralizado, sin saber donde mirar, como actuar, que decir. Mis manos quietas no podían actuar, mi boca cerrada no podía expulsar más palabras, mis ojos abiertos no podían apartar la mirada, mi corazón latía con fuerza, la sangre revolucionada en mi cuerpo chocaba entre mis venas queriendo que mis impulsos salieran a la luz y contratacaran su oscuridad.

Esperaba una noche apacible, en confianza, rodeado de calidez desprendida por la gente a la que quería. Me costó encontrarla, la incomodidad de mi cuerpo ante la sensación de impotencia iba decreciendo con el paso del tiempo, solo era capaz de amansarla al tenerla enfrente de mí a tan solo escasos centímetros de mi cuerpo solitario. Todas las sensaciones negativas desaparecieron en el momento en que su cuerpo y el mio se fundieron en un abrazo, el primero después de la debacle, el abrazo de la reconciliación, del perdón, de la compasión, un abrazo sentimental. Surgió en plena calle, a merced de la noche, del frio que poco a poco vencía ese calor que a principio de la noche nos engaño. Hubo más, pero todos en un tono desenfocado a la realidad que mi cabeza tenia plasmada. La noche nos iba venciendo, sus armas cada vez más devastadoras nos iba aniquilando uno a uno, hasta que por fin nos rendimos y la dejamos a sus anchas, que recorriera las calles, los callejones sin obstaculizar su labor.

La despedida  fue fría, seca, cortante, rápida. Un ultimo abrazo, lo intente alargar pero yo ya sabia que era imposible, mis brazos se desprendieron de su cuerpo siempre cálido, me di media vuelta y puse rumbo hacia mi vida.

 

Luz

Desde que me despertaron de mi letargo, desde el primer latido de mi corazón, desde la primera bocanada de oxigeno, desde el primer contacto con tu piel, desde el primer beso en mi frente, desde que mis músculos se desentumecieron, desde que mis ojos sintieron el atisbo de la luz, desde mi primer llanto, mi alma quedo ligada instantáneamente a la tuya.

Han pasado ya muchos años, pero TU presencia siempre ha sido notable en mi vida, como protagonista que has sido, pero muchas veces oculta en mi sombra, a la espera del momento idóneo para salir a escena, pero siempre dejando que siguiera mi propio sendero aunque ese camino no fuera el correcto, aunque tuviera que tropezarme con los baches producidos por el desnivel del mismo, aunque no siguiera las señales luminosas claramente evidentes, aunque mis acompañantes en el viaje no fueran los mas aconsejables, TU, siempre has estado cuidando de mi.

Muchas veces han sido los que mi impulsos demasiado alocados han desobedecido tus sabios consejos, pero aun así, TU seguiste siendo fuerte para mantenerte a mi lado, para arroparme en las noches mas gélidas, para abrazarme cuando mi alma se sentía desamparada, para aconsejarme cuando mas lo necesitaba, para conseguir que esbozara una tímida sonrisa en los momentos mas desolados, TU, fuiste incluso capaz de renunciar a tu fuerza para transmitírmela.

No podría expresar solamente con palabras lo que significas para mi, los adjetivos se quedarían cortos al intentar describirte la importancia de tu presencia en mi vida, eres mas que un amigo, mas que cualquier vinculo que pueda existir.

TU eres la responsable de hacerme ver la LUZ de esta maravillosa vida, que palmo a palmo, paso a paso, metro a metro, estoy recorriendo gracias a ti.

Te quiero…

8 de Febrero de 1959

Frío

No se si sera esta ola de fío que esta abordando la península, ese frío que se cuela en cada hueco mas profundo de tu cuerpo, el cual hace que se estremezcan los huesos mas fuertes que habitan en nuestro interior, ese frío que recorre a sus anchas allí por  donde pasa, dando paseos por la cabeza, haciendo que a su vez se nos congelen los pensamientos mas escondidos, ese frio que nos confunde, que nos hace pensar cosas que no sabemos si son reales o irreales, ese frio que en definitiva se apodera de nosotros sin la mas minima compasion hacia el cuerpo huesped.

Puede que sea el frió, pero también puede ser la música que me rodea, aquella música que se clava como millones de agujas, haciendo que nuestro cerebro reaccione con esa sensación que nos da miedo sacar a la superficie, esos pensamientos que en momentos de debilidad son mas fuertes que nosotros mismos.

Pero también pueden ser las corrientes eléctricas que producidas por nuestro subconsciente se apoderan de nosotros hasta el punto de bloquearnos en ese pensamiento, esa sensación que anhelamos a mas no poder, que queremos tener y guardarla para que no se vaya nunca, que nos proteja cuando tengamos miedo, o incluso en las peores pesadillas, que te levantas sudando de la cama. Ese pensamiento que nos abraza, pero en verdad lo que queremos es que nos abrace lo físico no la fantasía , esos centenares de huesos cubiertos de los millones de musculos, a su vez envueltos en esa piel palida, con sus marcas reconocibles alli donde estemos, esa melena que da igual en que posición este puesta, pero que aun asi nos sigue enamorando.

En definitiva, no se que sensación es la que me atrapa.

¿El frío?

¿La música?

¿Las corrientes eléctricas?