Perdóname

  • Lo sé, te endiento y te comprendo, no te juzgo por ello, pero por favor perdóname.

Perdóname por dejarte en el estrabismo, sabes igual que yo que nunca fue esa mi intención, que las horas del reloj se acumulaban en mi espalda, que los segundos golpeaban continuamente mi cabeza introduciéndose por mi cerebro hasta tal punto que era incapaz de controlar la ira, la rabia y furia, teniéndola que expulsar lejos de ti para no dañarte. Claro que añoraba tu compañía, tu tacto entre mis manos, tu olor, tu peso sobre mi cuerpo, como eras capaz de hacerme olvidar de la vulgaridad de este mundo cruel y así introducirme en un subconsciente de fantasía  y vivir aventuras jamás soñadas, de hacerme reír en los momentos que mi autoestima estaba rozando el suelo, de soltarme una lágrima en el día más feliz, de hacerme pasar las noches más cortas a tu lado, te doy las gracias por todo ello, y por todo eso te pido perdón una vez más. Solo quiero que intentes comprenderme, que nunca deje vacía mi mente de ti, que en cada momento lucido pensaba en ti, pero a la vez estaba demasiado lejos para acudir a ti. Soy consciente de todo y por ello me lamento y no sabes cuánto, solo quiero volver a ti, pasear mi mente fuera de aquí, imaginarme un futuro, pasado o presente, hasta incluso crear nuevas épocas, pero todo ello contigo en mi regazo, arropándome cada noche o simplemente matando cualquier rato libre que tenga.

Por favor, déjame volver a tu lado, cogerte, abrirte y leerte de nuevo.

 

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Otro Lunes más

Otro Lunes más.

Poco a poco el Otoño empieza desempaquetar las maletas dejando entrever los últimos rayos cálidos del sol los cuales buscamos con ahínco para poder refugiarnos de la soledad del frío. Rodeado de gente, de conversaciones a las que no presto atención, extraído de la realidad intento encontrarme sin éxito, integrándome con frases inacabadas, con gestos de complacencia. Te busco, pero no te encuentro. Muchas son las caras que estudio al detalle, observando impacientemente a que llegue el destello que deseo, se hace esperar. Entre el bullicio aparece una silueta, mi corazón deja de latir, el mundo se para a mi alrededor  y yo observo la posición de la gente intacta ante el deseo que siento, pestañeo incasable buscando la manera de volver, esperando a la que las manillas del reloj vuelvan a correr, sintiendo la sangre avanzando por mi cuerpo. Busco el contacto visual, pero solamente consigo un par de milésimas de segundos para poder apreciarte,  para poder disfrutar otro día más de tu sonrisa embriagadora, de tus ojos cálidos iluminando la calle, de tu pelo jugando distraídamente con el aire otoñal, hasta que por fin empieza el juego del escondite entre tú y yo, intento sonreírte pero he perdido el control de la musculatura de mi cuerpo, me siento como una marioneta llena de hilos que se han enredado en tus manos, esas manos las cuales algún día querría sentir en contacto con mi piel, acariciándome, rodeándome, sujetándome para que no vuelva a caer al abismo del que tanto sufrimiento me causó. Soy consciente de que las horas pasan mas rápido, que el anochecer pide paso en nuestras vidas, no tengo prisa, pero tampoco me sobra el tiempo, se está acabando, cada segundo que pasa es una oportunidad perdida, un palabra ahogada en el fondo de mi garganta, un beso desperdiciado, apagado y sufrido en mi interior.

Cuando por fin notaste mi presencia, tus ojos iluminaron mi rostro haciéndolo volver a la cruda realidad, fueron escasos segundos, pero bastantes para retomar las fuerzas para empezar un nuevo día.

Martes.

Miércoles .

Jueves.

Cuando despertamos por la mañana, bajamos a desayunar, nos preparamos las tostadas, calentamos el café con dos cucharillas y media de azúcar, comemos tranquilamente, te preparas la ropa concienzudamente, te duchas, te vistes, te peinas y te vas. En lo que te puede llevar un periodo de una hora, ¿cuántas veces en esa hora has pensado en ella?

Es justamente lo que me paso a mí, ese Jueves. Desde que el despertador de mi móvil se acciono y dejo salir las notas musicales por el altavoz, hasta que la vi de nuevo transcurridas tres horas, mi cabeza no paraba de dar vueltas y vueltas, era una montaña rusa, y desde arriba divisaba toda la gran ciudad que me rodeaba. Lastima que cayera estrepitosamente desde lo más alto.

No soy adivino, pero dentro de mi en lo más profundo, escondida, agazapada como un animal apunto de saltar hacia su presa sin que esta se haya percatado que esta siendo vigilada, hasta que ocurre lo inevitable, la engancha con sus garras mientras que con sus colmillos afilados la desgarra el cuello desangrándola, cayendo inerte a los pies del depredador, así, justamente así me sentí yo cuando esa sensación se dejó ver junto con la verdad. Para una vez que me enfundo el traje de Superhéroe, que me envalentono, le planto cara a los villanos, a los malhechores y estoy dispuesto a pegar el salto y surcar los cielos con mi vuelo, se tiene que cruzar el motor a reacción de un avión en mi camino, pero aunque magullado sigo conservando algún poder, en este caso el de la recuperación de mis tejidos, aunque con lentitud, pero poco a poco y dolorosamente se va cosiendo punzada a punzada mi corazón, y salir más fuerte y con más confianza, perseverancia y paciencia, porque ya se sabe que al final siempre ganan los buenos. Se que mi medicina sera su sonrisa de cada día, su mirada que  penetra en mi y paso a paso va recorriendo todo mi cuerpo para así ponerme en pie y poder devolver el gesto, poder acercarme a ella y notar su calor, su aliento, el perfume que se escapa de su cabello, poder observar con atención los surcos de sus labios, las imperfecciones que hacen la perfección de su ser, ser afortunado de volver a oír su dulce voz otro día mas, poder pasar de ser un peón manejable en el tablero de cuadros blancos y negros, pasando a ser una torre, un alfil hasta ocupar el puesto del rey, al lado de la reina. Soy plenamente consciente que que Roma no se hizo en dos días, pero todos los caminos llevan a ella, y losa a losa, el camino se crea y paso a paso te plantas frente a una de las ciudades más maravillosas de la historia, contemplando boquiabierto la maravilla de sus monumentos, sintiéndote como un guerrero en el Coliseo, derramando sangre, la tuya y la de tus adversarios hasta que te perdonan la vida.

L.

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Ella

Toda historia tiene un principio y un final, pero en  esta historia no hay un final, por lo menos no uno que haya podido observar o no quiera llegar a verlo.  

Creía inocentemente que todo había pasado, que las noches de insomnio, los días de amargura y los lamentos perdidos en el aire eran cosa del pasado. Cada encuentro pasado era una tortura para mi ser y una alegría desmesurada para mi corazón hasta tal punto que las piernas me temblaban al estar a su lado, las palabras se me trababan y no conseguía dar formato a una frase coherente, esquivaba su mirada como si fuera el mismísimo diablo quien tenía enfrente mía. Aun sufriendo cada encuentro no podía esperar a que sucediera el siguiente, fortuito o planeado, todo mi afán era poder volver a contemplar la singularidad de su belleza la cual me abstria  del plano real a un mundo de fantasía creado solamente para ella y para mi.

Pero hay etapas que nunca consigues cerrar, por eso, después de mucho tiempo, de que mi corazón hubiera podido volver a encontrar el ritmo adecuado de latidos por segundo, de que mi capacidad para comunicarme con el sexo opuesto volviera a ser la original, de que mis pensamientos estuvieran entretenidos con la realidad, todo volvió a derrumbarse como un edificio demolido por el ser humano, como miles de litros de agua cayendo por una catarata, como el desprendimiento de una montaña, yo, volví a caer en el embrujo de su belleza, pensando un final que posiblemente nunca llegará, en ese beso dulcemente robado, en sus brazos rodeando mi cuerpo sin soltarme para que no me vaya, en  sus suaves manos acariciando mi fría piel, en su respiración acompasada con la mía, en los latidos de su corazón tocando la misma sinfonía que los míos, en sus ojos cristalinos arrebatando mi visión y centrándola en ella.

“Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía.”

Déjame soñar a tu lado.

M.

 

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