Ayúdame

Déjame dibujar sonrisas en las nubes, déjame coser el cielo con la punta de mis dedos, déjame arrancar las estrellas de la noche para que me hagan compañía, déjame pintar la luna de colores, déjame vaciar el mar y caminar sobre el barro, déjame robar el aire, déjame arrancar los colores del paisaje, déjame teñir el atardecer de negro, déjame respirar las mentiras, déjame bañarme con la oscuridad, déjame imaginarme caminos y perderme en ellos, déjame desprenderme de la realidad y ahogarme en el vacío del silencio, déjame encontrarme en el humo, déjame despertarme en la noche y andar hacia ti, déjame ser libre. No me dejes cumplir las fantasías, no me dejes caminar solo, no me dejes imaginar en la soledad, no me dejes nadar en lo surreal, solo déjame tocarte, sentir el contacto de tu piel contra la mía, déjame sentir tu calor, tu sonido, oír tu risa, ver tus ojos, tu silueta en la penumbra, tu mano aferrándome para que no caiga en lo desconocido, déjame oler los olores prohibidos, déjame aferrarme al futuro sin miedo, sácame de mi escondite en esta sociedad, ayúdame a ser libre, pero hazlo a mi lado.

 

Corre


Pinturas salpicadas de colores en tu rostro, plasmadas en un tapiz, fotografías marchitas por el paso del tiempo, recuerdos todavía vivos en tu cabeza. Todos tus pensamientos, ilusiones, acciones están marcadas por un mismo patrón, un patrón impuesto sin derecho, una ley impuesta contra tu voluntad. Tu decidiste ese decreto injustamente llevado a cabo por tus miedos, por las lágrimas derrochadas en un pasado no muy lejano, por la amargura que te llevo a la oscuridad, por la sangre derramada en una miserable herida. Pasan las horas, los días y el tiempo hace justicia y tu caes sin compasión en un abismo oscuro del que no encuentras a donde aferrarte, donde poder permanecer en vilo y seguir ascendiendo dejando atrás la oscuridad y abriéndote camino hacia la claridad del sol en el horizonte. Coge mi mano y escapemos juntos de la oscuridad, corramos y hagamos caso omiso al olvido, a los miedo de la infancia.

 

Capítulos

Era una noche cálida con muchas horas por delante para disfrutar los minutos siguientes, el bullicio de la gente a mí alrededor era ensordecedor, desconocidos se cruzaban en la oscuridad, las palabras brotaban con la misma facilidad de una flor silvestre.
El alcohol ingerido se desplazaba amigablemente poco a poco por mí garganta, el sabor dulce se quedaba escasos instantes en mí paladar para así disfrutar del elixir venenoso.

La incomodidad de la compañía tan placentera en el pasado se iba diluyendo poco a poco a cada trago, a cada mirada cruzada con una nueva estrella que lucía en el firmamento.

La espontaneidad de mí persona, unido a un temor venido a menos hacía más fácil el contacto verbal. Allí sentado, en la arena empezó todo, era el principio de una história con un final escrito, pero todavía faltan capítulos que escribir, lágrimas que derramar, risas que presentar, sentimientos que aflorar.
Solamente fueron unas horas las que pude contemplar con mis ojos aquel astro nuevo, la luz de la luna reflejada en sus ojos te hipnotizaba, la calidez de sus palabras te abrazaban, el sonido de su risa te contiagaba. En esas horas en las que pude apreciar su compañía me sentía un privilegiado, me costaba apartar la vista y concentrarme en el resto de la gente. Si me hubiera dado un solo minuto para contemplarla el resto de la noche nos hubiera sobrado para saber que la historia había que acabarla. Ahora, pasado el tiempo, la luz de aquella estrella se hace más luminosa con el paso de los días, tengo otra oportunidad, una y posiblemente la última para escribir la historia y continuarla.

 

Palabras

 

Todo comienzo es dulce, lo saboreas como si fuera el primer bocado de tu vida, al introducir ese manjar en tu boca tus sentidos se nublan dejando pasar todas las sensaciones irracionales por tu cuerpo, tus músculos se contraen por la fuerte implosión que se produce dentro de ti, el desenfreno entra sin avisar haciendo que lo racional y lo correcto no exista en tu vida. Te dejas llevar por las sensaciones producidas, por la novedad del momento, por la calidez de la piel ajena en contacto con la gelidez de la tuya. El beso se hace esperar producido por el nerviosismo que habías conseguido olvidar al estar enfrente del sexo opuesto. El momento llega rápido, cortante, dejándote sin aliento, sin tiempo para reaccionar solamente puedes seguir el compas de su boca, el juego que su lengua quiere empezar con la tuya, las caricias son cada vez mas intensas mas fuerte, vuestros cuerpos entran en una batalla limpia en la que no habrá ningún ganador solamente es por el placer de luchar. La intensidad de la noche en vuestras cabezas avanza a la vez que la pasión se apodera del ambiente, los cristales cada vez más opacos hacen que tus ojos no capten la belleza de la noche, que solo te concentres el la belleza humana que se cierne sobre tu cuerpo. Los besos, caricias, abrazos siguen de forma descontrolada a la vez que los minutos pasan en forma de centésimas de segundos. Eran demasiadas las sensaciones que tu cabeza llego a mezclar en tan poco tiempo, la necesidad de otra persona en tu vida apoderada por el miedo a que alguien te acompañe en tu viaje, los días transcurren de forma rápida y alocada, la comodidad se va haciendo hueco en la monotonía, la intensidad acrecienta de manera intensa y tus pensamientos están confusos, el miedo vuelve a ti como si nunca se hubiera ido, resignándose a dejar tu cuerpo. Las palabras que salieron de tu boca conectaron de manera inmediata con las que tus oídos recogían, pero fueron insuficientes, cada uno tenia una percepción distinta de esas palabras.

 

 

Miedo

Me da miedo no encontrar la llama que encienda mi cigarro, que se consuma tan rápido que me llegue a quemar los dedos.

Me da miedo cerrar los ojos y tener que abrirlos forzosamente producido por una lagrima que se desborda a sus anchas por mi cara.

Me da miedo que la música deje de sonar, que la continuidad de mi banda sonora se acabe.

Me da miedo el tráfico de la ciudad, los peatones andando en su propio mundo mientras yo cruzo el paso de cebra.

Me da miedo el faro derecho fundido de mi coche, incapaz de alumbrar todos los peligros en la noche.

Me dan miedo las curvas en las cuales no alcanzas a ver más allá de tu propia nariz.

Me da miedo sentir que me caigo de la cama en un mal sueño.

Me da miedo no sentirme arropado por el edredón en invierno.

Me da miedo despertarme en mitad de la noche y que solamente queden minutos escasos para amanecer.

Me da miedo no sentir tu contacto, tus besos, tus abrazos, no oír tu voz, tu risa, tus llantos.

Me da miedo sentir tu contacto, tus besos, tus abrazos, oír tu voz, tu risa, tus llantos.

Me dan miedo las palabras, las palabras que salen de tu boca despavoridas, las palabras que guardas en el olvido.

Me dan miedo mis palabras, las palabras que escupo sin pudor, las palabras que se aferran a mi olvido.

Me da miedo la inactividad de mi teléfono móvil.

Me da miedo que mi teléfono suene, vibre y descubrir que es por tu culpa.

Me da miedo llegar a encontrar la soledad.

Me da miedo congelarme en las noches de invierno.

Me da miedo deambular solitario por las calles más inhóspitas.

Me doy miedo a mi mismo.

Me da miedo no tener miedo…

El miedo es una sensación mas que nos acompaña allí donde nos dirijamos, no importa que no haya espacio suficiente en nuestro equipaje, para el siempre tendremos un compartimento secreto. Asume tus miedos y lucha contra ellos.

Puertas

Todavía recuerdo el instante en que aquella puerta se cerró ante mí.

La verdad, la venia venir. Veía como la corriente de las ventanas abiertas empujaban poco a poco a la puerta, veía como los recuerdos colgados en ella se caían por su propio peso, cada vez mas borrosos, veía sus manos ayudando a la corriente a cerrarla, veía su cabello deslizarse con gracia, veía sus ojos grandes y verdes decirme adiós, veía su rostro con pequeñas lagrimas.

Ya no veía nada. Se cerró. Se cerro para siempre, se cerro dejándome solo, vacío, a mi suerte, desamparado. Me encontraba allí, delante de la puerta, a oscuras, buscando en mis bolsillos un llavero que con suerte tuviera la llave de aquella puerta, busque durante mucho tiempo, luchando contra la oscuridad del lugar, luche con todas mis fuerzas, con toda mi alma, hasta mi último aliento producido por el cansancio y la desesperación, pero mi lucha fue en vano, no me di cuenta que aquella puerta ya no tenia cerradura. Cuando me di la vuelta estaba completamente cegado por la densa oscuridad de aquel lugar, hacia frio, olía a humedad, a rancio, oía las gotas de agua caer de forma intermitente. Me arrastre por la pared, de un lado a otro buscando un interruptor que le diera claridad al lugar todavía desconocido en el que me encontraba. Me costó encontrarlo, ya que iba demasiado despacio, ya no por no saber donde tenía que pisar, si no por el miedo a la oscuridad que desde niño me acompaña. Cuando conseguí alcanzar aquel interruptor, fogonazos de luces se introdujeron en mis ojos, taladrando mi cerebro, fue un dolor espantoso, llevaba demasiado tiempo a ciegas. Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz pude apreciar el lugar en el que me encontraba.

Era un pasillo demasiado largo como para otear el final, era muy distinto de como mi cabeza se lo imaginaba. Estaba repleto de puertas, infinitas, cada puerta era diferente a la anterior, mas viejas, mas nuevas, diferentes colores, diferentes tamaños, estilos, estaban repartidas a lo largo y ancho de aquel pasillo el cual era estrecho, las paredes de un color crema acogedor, una alfombra sobre mis pies fríos y descubiertos. Aquel pasillo daba una sensación de tranquilidad, era acogedor, todo lo que contenía invitaba a quedarse allí, había  objetos que colgaban de las paredes, conseguí apreciar algunos de ellos, eran fotografías, muchas de ellas me eran familiares, tanto que eran mis recuerdos, pero la mayoría me dejaban desconcertado, reconocía mi rostro pero no el lugar ni la compañía con quien estaba, todo era demasiado extraño y dudoso para mi cabeza.

De repente y sin previo aviso las puertas se empezaron a abrir de golpe. Un ruido ensordecedor anulo mí sentido de la audición, me dejo desorientado, aturdido durante apenas unos segundos. Me quede mirando las puertas que alcanzaba mi vista, cada una de ellas desprendía una luz distinta, aromas embriagadores que aunque fueran diferentes te atrapaban en una nube hipnótica de pasión. Poco a poco fui acercándome a cada una de ellas, no me atrevía a entrar, fui de forma sutil, sin hacer ruido. Cada vez me adentraba mas en las distintas habitaciones que se escondían detrás de las puertas. Eran sensaciones únicas, algunas ya conocidas, otras no. No me atrevía a quedarme demasiado tiempo en aquellas habitaciones, me daba pánico  permanecer en ellas, pensar que la puerta se cerraría de nuevo.

Al salir de la ultima habitación, me fije en una puerta, una que hasta entonces no me había fijado, estaba oculta, la bombilla que estaba encima del marco estaba apagada, lo que hacia  que aquella puerta fuera cautivadora, y la peligrosidad que desprendía era un imán para mi cuerpo. La puerta era preciosa, un diseño espectacular, no se parecía en nada a las demás que había visto y visitado. El olor que desprendía te atraía de forma inusual aun estando cerrada, me acerque, con precaución, no sabia lo que me iba a encontrar, una vez delante de aquella puerta acerque mi mano hacia el pomo, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo.

Una vez abrí la puerta fue increíble, la luz me atrapo enseguida, un cumulo de emociones salieron disparadas directas a mi. Fue un impacto seco, no me dolió al revés, me reconforto, me atrapo en un abrazo cálido, sensual, mi mente enseguida se evaporo en aquel lugar. Todo pasó muy rápido, no me di cuenta de que la habitación no era la elegida para mí, que no era la correcta,  que era una ilusión propia del calor mas sofocante producida en el desierto, veía el oasis, pero nada de aquello era real. Todo lo que contenía aquella habitación no me pertenecía, solo me dejo entrar para que estuviera entretenido en el camino, para que mi cabeza creyera, para que mi cuerpo sintiera, para que mi corazón latiera. Esta vez no lo vi venir, mis ojos estaban ocupados cegado por las sensaciones  que desprendía aquella habitación, estaba hipnotizado. Cuando abrí los ojos ya no estaba allí, no podía apreciar el olor sensual y embriagador que me atraía, no podía ver la luz tenue que me abrazaba y me cubría, no podía verla a ella. Me encontraba otra vez en aquel pasillo, otra vez a oscuras, pero ahora sabia lo que tenia que hacer.

Pesadillas

No me quise dar cuenta, me cegué por la pasión, por la locura, por el momento. No hice caso a mis sentimientos, no les escuchaba, no me di cuenta de lo que estaba haciendo. Todo era perfecto, no veía ninguna complicación en el horizonte, me deje llevar por las caricias, los besos, los abrazos, las miradas, las respiraciones que se acompañaban al compas de los latidos del corazón. Daba igual donde estuviéramos, cualquier lugar parecía perfecto, no importaba la compañía, siempre hacíamos lo que nuestros impulsos nos dictaban, casi estábamos obligados, obedeciendo siempre por un mismo patrón, desbocarnos.

Ahora, cobijado en el calor de mi cama, aislado de cualquier contacto humano, encerrado tras cuatro paredes cada vez mas frías, arropado por la densa noche, hipnotizado por la música erróneamente elegida. Ahora, es cuando me doy cuenta del momento que tenia que haber dicho NO. Ahora ya es tarde, no hay marcha atrás, no se puede rebobinar este reproductor de marca “Mi Vida”. No, no tiene esa opción. En la oscuridad, intento cerrar los ojos, intento descansar mi cuerpo, mis sentimientos, mi corazón. Pero no hay forma de que mis pesados parpados se cierren, que sueñe, que mi mente se evapore por lo menos un par de horas. A cada intento de mi cuerpo en acomodarse en la distancia de mi habitación, de mi cama, los susurros acrecientan de manera escalofriante, casi noto su aliento en mi cuello, en mis orejas heladas, en mi boca. Las sombras deambulan por aquel cuarto a oscuras, una pequeña luz ilumina aquella habitación pero me vuelvo a engañar, es solamente la luz de mi ordenador.  Por mas que de vueltas y vueltas, arrugue las sabanas, descoloque el edredón, mis ojos siguen abiertos, viendo esas sombras que con el paso del tiempo se van haciendo mas humanas, mas reales, podría incluso ver a la perfección, los rasgos característicos de aquel rostro, sus imperfecciones se convierten en perfectas a mi vista, puede que sea la poca luz que habita en mi habitación, o simplemente, es lo que yo veo con mis propios ojos. El insomnio llama a mi puerta, pero yo no le escucho, la música me envuelve en el recuerdo, en las fantasías que podían haber llegado pero que no lo hicieron. No paro de tiritar, ya no de frio, casi me he  acostumbrado, si no  del miedo, del miedo a que las pesadillas vuelvan. Esta vez no sueño con monstruos de cuatro brazos, seis ojos, cinco piernas, piel escamosa, saliva verde y aliento asqueroso. Esta vez sueño con un cabello oscuro, tez pálida y suave al contacto con mi piel, voz que al ser oída por mis sentidos me entra una pequeña risa y las comisuras de mis labios se extienden hacia las orejas, escalofríos al oler su aliento, maravilloso, dulce, cálido. No hay vuelta atrás, la noche llega a su final, y yo sigo aquí, tumbado, despierto, en la oscuridad.