Sombra

Despierta, despierta …

Unos leves e inaudibles susurros me intentan despertar como las cariñosas caricias de una madre a su recién nacido.

La noche se esta acabando y el sol poco a poco va avanzando terreno reuniendo a sus tropas, a sus esclavos,todos ellos listos y preparados para la conquista de un nuevo día.

Las sombras vienen a avisarme que he de estar atento, que fui yo el que se autoproclamó su señor para esconderme y así resguardarme del dolor, de la claridad de un nuevo amanecer, del escozor de ojos al recibir los primeros rayos de sol. La llegada es inminente, los gritos llegan a todos los rincones del campamento, el sonido de los yunques, los tambores, botas salpicando barro. Todo sonido para prepararse.

El hombre tras la sombra vuelve.

No hace mucho tiempo que llegue  para no regresar.

En el fondo de la noche encontré una salida, un desahogo, una salvación, el grito desesperado del dolor me acurrucaba cantandome la más bella nana jamás compuesta. Las tinieblas me dejaron descansar, no pensar, no sentir, no amar. Pero en el fondo de mi interior levemente seguía latiendo mi corazón, bombeando la sangre necesaria para un alzamiento y creo que ese día esta llegando.

Harto ya de sabanas usadas, resquebrajadas, de alcohol barato y rancio en el fondo del bar. Harto de perfumes, de engaño, de poses. Harto de que no seas tu, de buscar sin encontrar, de encontrar sin buscar. Harto.

Hoy vuelvo a recuperar una mínima fe en la humanidad, pero tengo miedo, siempre lo tendré y no puedo aferrarme a lo que hoy sienta, si no a lo que tu sientes hoy. No hago más que gritarte en silencio, te hablo con la mirada oculta tras la noche pero pocas veces me oyes o me ves. Grano a grano se creará la pirámide.

El destino es caprichoso y al mínimo descuido vuelven a golpear las murallas desprotegidas, y  esta vez han conseguido atravesar las barreras.

¿Por qué?, Grito.

¿Y si no tengo las fuerzas para volver a luchar? ¿Y si me vuelven a herir de gravedad y me vuelvo a debatir en un sino?

No sigas atacando, pero no abandones tu posición, que yo no mantendré los pies sobre la arena.

L.

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Parte 1.

Despertó, pero a los ojos de la oscuridad seguía dormido.

Sucumbido en una desesperación absoluta, una locura transitoria recorría su cabeza a una velocidad endiablada, dejando tras de si sufrimiento y lamento por doquier. El mero hecho de alejarse de  la sombra ya era un sacrificio para el que no había nacido. Envuelto y difuminado en un mar rojo espeso que cubrían sus manos hasta las profundidades de las uñas,  asió con ímpetu un mechón de cabello, tiro con fuerza hacia si para después relamerse los labios al contacto con su boca, profunda, sedosa, húmeda. Aquel placer ya valía un ínfimo pedazo de libertad, tan cara como el beso recién robado. Siguió la ruta marcada con una mirada, no su mirada, si no la del pecado reencarnado  se alzaba ante el como una diosa despampanante llena de jubilo y picardía, pillería y maldad, una altura próxima a la suya hacia mas fácil el juego. La cara alargada terminando en una barbilla casi perfecta, y digo casi porque no hay perfección alguna que exista. Sus ojos irradiaban demasiada luz para la oscuridad que contenían, frágiles, pero grandes, atrayentes, pero desconfiados, una nariz por donde las lagrimas deberían caer con gracia y facilidad, pero eso no era para ella. La boca, que voy ha decir de esa maravilla esculpida por los dioses antes de convertirse en eso mismo, mentiras. Llena de fuego liquido, pasión y regocijo adornada con unos  labios que  a su vez eran compuestos por pequeños surcos donde poder jugar cual niño travieso,  deseoso de explorar sin miedo a ser mordido y devorado. Unas orejas que sobresalían lo escaso de entre la melena oscura camuflada por la poca luz que había en ese cuarto, deslumbrantes, sin más, hechas para oír. La unión entre su cuerpo y aquel rostro esculpido  era un cuello bello hecho para besar y recorrer oliendo el perfume que emanaba de su piel. Los pechos de pura porcelana luminiscente, grandes pero sin alimentar el hambre de ansia. El ombligo era el principio del fin, era el prólogo de la locura, un encantamiento como nunca jamás se había visto dormitaba dentro, una vez cruzaras esta frontera ya no había vuelta atrás, tu mundo cambiaba.

Imagen

Corre


Pinturas salpicadas de colores en tu rostro, plasmadas en un tapiz, fotografías marchitas por el paso del tiempo, recuerdos todavía vivos en tu cabeza. Todos tus pensamientos, ilusiones, acciones están marcadas por un mismo patrón, un patrón impuesto sin derecho, una ley impuesta contra tu voluntad. Tu decidiste ese decreto injustamente llevado a cabo por tus miedos, por las lágrimas derrochadas en un pasado no muy lejano, por la amargura que te llevo a la oscuridad, por la sangre derramada en una miserable herida. Pasan las horas, los días y el tiempo hace justicia y tu caes sin compasión en un abismo oscuro del que no encuentras a donde aferrarte, donde poder permanecer en vilo y seguir ascendiendo dejando atrás la oscuridad y abriéndote camino hacia la claridad del sol en el horizonte. Coge mi mano y escapemos juntos de la oscuridad, corramos y hagamos caso omiso al olvido, a los miedo de la infancia.

 

Miedo

Me da miedo no encontrar la llama que encienda mi cigarro, que se consuma tan rápido que me llegue a quemar los dedos.

Me da miedo cerrar los ojos y tener que abrirlos forzosamente producido por una lagrima que se desborda a sus anchas por mi cara.

Me da miedo que la música deje de sonar, que la continuidad de mi banda sonora se acabe.

Me da miedo el tráfico de la ciudad, los peatones andando en su propio mundo mientras yo cruzo el paso de cebra.

Me da miedo el faro derecho fundido de mi coche, incapaz de alumbrar todos los peligros en la noche.

Me dan miedo las curvas en las cuales no alcanzas a ver más allá de tu propia nariz.

Me da miedo sentir que me caigo de la cama en un mal sueño.

Me da miedo no sentirme arropado por el edredón en invierno.

Me da miedo despertarme en mitad de la noche y que solamente queden minutos escasos para amanecer.

Me da miedo no sentir tu contacto, tus besos, tus abrazos, no oír tu voz, tu risa, tus llantos.

Me da miedo sentir tu contacto, tus besos, tus abrazos, oír tu voz, tu risa, tus llantos.

Me dan miedo las palabras, las palabras que salen de tu boca despavoridas, las palabras que guardas en el olvido.

Me dan miedo mis palabras, las palabras que escupo sin pudor, las palabras que se aferran a mi olvido.

Me da miedo la inactividad de mi teléfono móvil.

Me da miedo que mi teléfono suene, vibre y descubrir que es por tu culpa.

Me da miedo llegar a encontrar la soledad.

Me da miedo congelarme en las noches de invierno.

Me da miedo deambular solitario por las calles más inhóspitas.

Me doy miedo a mi mismo.

Me da miedo no tener miedo…

El miedo es una sensación mas que nos acompaña allí donde nos dirijamos, no importa que no haya espacio suficiente en nuestro equipaje, para el siempre tendremos un compartimento secreto. Asume tus miedos y lucha contra ellos.

Puertas

Todavía recuerdo el instante en que aquella puerta se cerró ante mí.

La verdad, la venia venir. Veía como la corriente de las ventanas abiertas empujaban poco a poco a la puerta, veía como los recuerdos colgados en ella se caían por su propio peso, cada vez mas borrosos, veía sus manos ayudando a la corriente a cerrarla, veía su cabello deslizarse con gracia, veía sus ojos grandes y verdes decirme adiós, veía su rostro con pequeñas lagrimas.

Ya no veía nada. Se cerró. Se cerro para siempre, se cerro dejándome solo, vacío, a mi suerte, desamparado. Me encontraba allí, delante de la puerta, a oscuras, buscando en mis bolsillos un llavero que con suerte tuviera la llave de aquella puerta, busque durante mucho tiempo, luchando contra la oscuridad del lugar, luche con todas mis fuerzas, con toda mi alma, hasta mi último aliento producido por el cansancio y la desesperación, pero mi lucha fue en vano, no me di cuenta que aquella puerta ya no tenia cerradura. Cuando me di la vuelta estaba completamente cegado por la densa oscuridad de aquel lugar, hacia frio, olía a humedad, a rancio, oía las gotas de agua caer de forma intermitente. Me arrastre por la pared, de un lado a otro buscando un interruptor que le diera claridad al lugar todavía desconocido en el que me encontraba. Me costó encontrarlo, ya que iba demasiado despacio, ya no por no saber donde tenía que pisar, si no por el miedo a la oscuridad que desde niño me acompaña. Cuando conseguí alcanzar aquel interruptor, fogonazos de luces se introdujeron en mis ojos, taladrando mi cerebro, fue un dolor espantoso, llevaba demasiado tiempo a ciegas. Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz pude apreciar el lugar en el que me encontraba.

Era un pasillo demasiado largo como para otear el final, era muy distinto de como mi cabeza se lo imaginaba. Estaba repleto de puertas, infinitas, cada puerta era diferente a la anterior, mas viejas, mas nuevas, diferentes colores, diferentes tamaños, estilos, estaban repartidas a lo largo y ancho de aquel pasillo el cual era estrecho, las paredes de un color crema acogedor, una alfombra sobre mis pies fríos y descubiertos. Aquel pasillo daba una sensación de tranquilidad, era acogedor, todo lo que contenía invitaba a quedarse allí, había  objetos que colgaban de las paredes, conseguí apreciar algunos de ellos, eran fotografías, muchas de ellas me eran familiares, tanto que eran mis recuerdos, pero la mayoría me dejaban desconcertado, reconocía mi rostro pero no el lugar ni la compañía con quien estaba, todo era demasiado extraño y dudoso para mi cabeza.

De repente y sin previo aviso las puertas se empezaron a abrir de golpe. Un ruido ensordecedor anulo mí sentido de la audición, me dejo desorientado, aturdido durante apenas unos segundos. Me quede mirando las puertas que alcanzaba mi vista, cada una de ellas desprendía una luz distinta, aromas embriagadores que aunque fueran diferentes te atrapaban en una nube hipnótica de pasión. Poco a poco fui acercándome a cada una de ellas, no me atrevía a entrar, fui de forma sutil, sin hacer ruido. Cada vez me adentraba mas en las distintas habitaciones que se escondían detrás de las puertas. Eran sensaciones únicas, algunas ya conocidas, otras no. No me atrevía a quedarme demasiado tiempo en aquellas habitaciones, me daba pánico  permanecer en ellas, pensar que la puerta se cerraría de nuevo.

Al salir de la ultima habitación, me fije en una puerta, una que hasta entonces no me había fijado, estaba oculta, la bombilla que estaba encima del marco estaba apagada, lo que hacia  que aquella puerta fuera cautivadora, y la peligrosidad que desprendía era un imán para mi cuerpo. La puerta era preciosa, un diseño espectacular, no se parecía en nada a las demás que había visto y visitado. El olor que desprendía te atraía de forma inusual aun estando cerrada, me acerque, con precaución, no sabia lo que me iba a encontrar, una vez delante de aquella puerta acerque mi mano hacia el pomo, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo.

Una vez abrí la puerta fue increíble, la luz me atrapo enseguida, un cumulo de emociones salieron disparadas directas a mi. Fue un impacto seco, no me dolió al revés, me reconforto, me atrapo en un abrazo cálido, sensual, mi mente enseguida se evaporo en aquel lugar. Todo pasó muy rápido, no me di cuenta de que la habitación no era la elegida para mí, que no era la correcta,  que era una ilusión propia del calor mas sofocante producida en el desierto, veía el oasis, pero nada de aquello era real. Todo lo que contenía aquella habitación no me pertenecía, solo me dejo entrar para que estuviera entretenido en el camino, para que mi cabeza creyera, para que mi cuerpo sintiera, para que mi corazón latiera. Esta vez no lo vi venir, mis ojos estaban ocupados cegado por las sensaciones  que desprendía aquella habitación, estaba hipnotizado. Cuando abrí los ojos ya no estaba allí, no podía apreciar el olor sensual y embriagador que me atraía, no podía ver la luz tenue que me abrazaba y me cubría, no podía verla a ella. Me encontraba otra vez en aquel pasillo, otra vez a oscuras, pero ahora sabia lo que tenia que hacer.

Pesadillas

No me quise dar cuenta, me cegué por la pasión, por la locura, por el momento. No hice caso a mis sentimientos, no les escuchaba, no me di cuenta de lo que estaba haciendo. Todo era perfecto, no veía ninguna complicación en el horizonte, me deje llevar por las caricias, los besos, los abrazos, las miradas, las respiraciones que se acompañaban al compas de los latidos del corazón. Daba igual donde estuviéramos, cualquier lugar parecía perfecto, no importaba la compañía, siempre hacíamos lo que nuestros impulsos nos dictaban, casi estábamos obligados, obedeciendo siempre por un mismo patrón, desbocarnos.

Ahora, cobijado en el calor de mi cama, aislado de cualquier contacto humano, encerrado tras cuatro paredes cada vez mas frías, arropado por la densa noche, hipnotizado por la música erróneamente elegida. Ahora, es cuando me doy cuenta del momento que tenia que haber dicho NO. Ahora ya es tarde, no hay marcha atrás, no se puede rebobinar este reproductor de marca “Mi Vida”. No, no tiene esa opción. En la oscuridad, intento cerrar los ojos, intento descansar mi cuerpo, mis sentimientos, mi corazón. Pero no hay forma de que mis pesados parpados se cierren, que sueñe, que mi mente se evapore por lo menos un par de horas. A cada intento de mi cuerpo en acomodarse en la distancia de mi habitación, de mi cama, los susurros acrecientan de manera escalofriante, casi noto su aliento en mi cuello, en mis orejas heladas, en mi boca. Las sombras deambulan por aquel cuarto a oscuras, una pequeña luz ilumina aquella habitación pero me vuelvo a engañar, es solamente la luz de mi ordenador.  Por mas que de vueltas y vueltas, arrugue las sabanas, descoloque el edredón, mis ojos siguen abiertos, viendo esas sombras que con el paso del tiempo se van haciendo mas humanas, mas reales, podría incluso ver a la perfección, los rasgos característicos de aquel rostro, sus imperfecciones se convierten en perfectas a mi vista, puede que sea la poca luz que habita en mi habitación, o simplemente, es lo que yo veo con mis propios ojos. El insomnio llama a mi puerta, pero yo no le escucho, la música me envuelve en el recuerdo, en las fantasías que podían haber llegado pero que no lo hicieron. No paro de tiritar, ya no de frio, casi me he  acostumbrado, si no  del miedo, del miedo a que las pesadillas vuelvan. Esta vez no sueño con monstruos de cuatro brazos, seis ojos, cinco piernas, piel escamosa, saliva verde y aliento asqueroso. Esta vez sueño con un cabello oscuro, tez pálida y suave al contacto con mi piel, voz que al ser oída por mis sentidos me entra una pequeña risa y las comisuras de mis labios se extienden hacia las orejas, escalofríos al oler su aliento, maravilloso, dulce, cálido. No hay vuelta atrás, la noche llega a su final, y yo sigo aquí, tumbado, despierto, en la oscuridad.

Promesas

 

El mundo esta lleno de palabras, palabras a la deriva que nunca llegaran al puerto correspondiente, palabras escritas en papeles deteriorados por la lluvia, el frío, palabras en aceras, plasmadas en paredes, palabras incompletas, palabras escritas en diferentes idiomas, con distinta caligrafía, esas palabras enviadas en un sobre, con su correspondiente remitente, con su sello obligatorio, pero muchas son las que se quedaran flotando, esas palabras a su vez forman frases, frases de odio, de lamento, de felicidad, de amor, de arrepentimiento, frases sin sentido, estas frases no llegaran a su destino por una insignificante razón, nosotros hacemos que se pierdan en la oscuridad.

Dentro de esas palabras que juntas forman frases, encontramos las promesas, aquellas promesas que hacemos y que nos hacen, que siempre esperamos y ansiamos que se cumplan, tanto de su parte como de la nuestra, pero mantener una promesa, es un tanto difícil, hay que tener en cuenta que tipos de promesas es la que pedimos, o la que nos piden, pero cuando las pides tu, es peor aun, al principio nos agobia pensar en ella, por si se cumplirá o no, pero pasado un tiempo nos olvidamos de ella, y de repente llega el miedo al ver que esa promesa no se ha cumplido, porque te das cuenta que aquella promesa a la que aferraste con todo tu ser no se a cumplido, y caes en el recuerdo, en el instante que pediste esa promesa, y te das cuenta que no le pediste a nadie esa promesa.