Una noche mas

Se desprendían pedazos de cielo sin razón coherente ni existencial, fuera de la comprensión humana se posaban cual ceniza arrastrada por los vientos tormentosos ante las puntas de mis pies descalzos, revoloteando en remolinos acordes a la desesperación mental construida por los peores arquitectos que puede albergar mi humilde cabeza. Era una lluvia incesante y espléndida a los ojos humanos poco habituados a la oscuridad. En busca de la esperanza perdida en el pasado construyendo una figura etérea y esperanzadora que me sacara de la locura. Ante mí, un único camino, el correcto. Me hablaste con dulzura y con claridad posando sobre mágicas palabras de anhelo y lujuria, acunándome sobre tu regazo verbal y acariciando mi cuerpo con tu mirada casi espiritual. Enseguida me convertí en esclavo de tu pasión y amante de mi cautiverio, hubiera sido una temeridad deshacerme de las ataduras a las que me aferraste con pura seda metálica, ya era demasiado tarde para dar la vuelta y correr en sentido contrario a cualquier movimiento tuyo, ya no. Envenenándome a pequeños transcursos de tiempo,  mi vista cada instante  era más nublada y más confusa, mis pensamientos aunque pareciera extraño se iban agrupando y segregando euforia. No tenía capacidad de reacción, insuficientes eran mis esfuerzos por mantener los ojos abiertos y buscar un aliado en la oscuridad, demasiado tarde ya, intente rozar mi piel pero era una imaginación bastante real, cayendo a grandes zancadas en un abismo cada vez más hondo me iba dando cuenta, lo estaba, muerto.

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Verdadero – Falso

Me arrancaste la piel con solo tocarme, me robaste el silencio con un mínimo roce de de tus labios, me entregaste a la locura con el sonido de tus palabras, me desgarraste el corazón con un grito de pasión. Mercenario y esclavo utilizándonos  según los intereses meramente sexuales, la compasión la dejamos a medio camino de la cama, con la ropa arrancada con brutalidad haciendo que tus uñas rasgaran parte de mi cuerpo dejando un rastro de sangre hasta la habitación. Los gritos aumentaron con el transcurso de los minutos, las lágrimas desbordadas empapaban las sábanas mezclándose con nuestro propio sudor. Tus ojos clavados en los míos, tus piernas rodeando mi cintura, tu carne junto a la mía  tu boca, mi boca.
Todavía no soy plenamente consciente de si la  ficción superó la realidad, pero de lo que estoy plenamente seguro es que las cicatrices producidas por el desgarro de mi piel siguen y se realzan con la luz del amanecer.