Verdadero – Falso

Me arrancaste la piel con solo tocarme, me robaste el silencio con un mínimo roce de de tus labios, me entregaste a la locura con el sonido de tus palabras, me desgarraste el corazón con un grito de pasión. Mercenario y esclavo utilizándonos  según los intereses meramente sexuales, la compasión la dejamos a medio camino de la cama, con la ropa arrancada con brutalidad haciendo que tus uñas rasgaran parte de mi cuerpo dejando un rastro de sangre hasta la habitación. Los gritos aumentaron con el transcurso de los minutos, las lágrimas desbordadas empapaban las sábanas mezclándose con nuestro propio sudor. Tus ojos clavados en los míos, tus piernas rodeando mi cintura, tu carne junto a la mía  tu boca, mi boca.
Todavía no soy plenamente consciente de si la  ficción superó la realidad, pero de lo que estoy plenamente seguro es que las cicatrices producidas por el desgarro de mi piel siguen y se realzan con la luz del amanecer.

 

Corre


Pinturas salpicadas de colores en tu rostro, plasmadas en un tapiz, fotografías marchitas por el paso del tiempo, recuerdos todavía vivos en tu cabeza. Todos tus pensamientos, ilusiones, acciones están marcadas por un mismo patrón, un patrón impuesto sin derecho, una ley impuesta contra tu voluntad. Tu decidiste ese decreto injustamente llevado a cabo por tus miedos, por las lágrimas derrochadas en un pasado no muy lejano, por la amargura que te llevo a la oscuridad, por la sangre derramada en una miserable herida. Pasan las horas, los días y el tiempo hace justicia y tu caes sin compasión en un abismo oscuro del que no encuentras a donde aferrarte, donde poder permanecer en vilo y seguir ascendiendo dejando atrás la oscuridad y abriéndote camino hacia la claridad del sol en el horizonte. Coge mi mano y escapemos juntos de la oscuridad, corramos y hagamos caso omiso al olvido, a los miedo de la infancia.