Palabras

 

Todo comienzo es dulce, lo saboreas como si fuera el primer bocado de tu vida, al introducir ese manjar en tu boca tus sentidos se nublan dejando pasar todas las sensaciones irracionales por tu cuerpo, tus músculos se contraen por la fuerte implosión que se produce dentro de ti, el desenfreno entra sin avisar haciendo que lo racional y lo correcto no exista en tu vida. Te dejas llevar por las sensaciones producidas, por la novedad del momento, por la calidez de la piel ajena en contacto con la gelidez de la tuya. El beso se hace esperar producido por el nerviosismo que habías conseguido olvidar al estar enfrente del sexo opuesto. El momento llega rápido, cortante, dejándote sin aliento, sin tiempo para reaccionar solamente puedes seguir el compas de su boca, el juego que su lengua quiere empezar con la tuya, las caricias son cada vez mas intensas mas fuerte, vuestros cuerpos entran en una batalla limpia en la que no habrá ningún ganador solamente es por el placer de luchar. La intensidad de la noche en vuestras cabezas avanza a la vez que la pasión se apodera del ambiente, los cristales cada vez más opacos hacen que tus ojos no capten la belleza de la noche, que solo te concentres el la belleza humana que se cierne sobre tu cuerpo. Los besos, caricias, abrazos siguen de forma descontrolada a la vez que los minutos pasan en forma de centésimas de segundos. Eran demasiadas las sensaciones que tu cabeza llego a mezclar en tan poco tiempo, la necesidad de otra persona en tu vida apoderada por el miedo a que alguien te acompañe en tu viaje, los días transcurren de forma rápida y alocada, la comodidad se va haciendo hueco en la monotonía, la intensidad acrecienta de manera intensa y tus pensamientos están confusos, el miedo vuelve a ti como si nunca se hubiera ido, resignándose a dejar tu cuerpo. Las palabras que salieron de tu boca conectaron de manera inmediata con las que tus oídos recogían, pero fueron insuficientes, cada uno tenia una percepción distinta de esas palabras.

 

 

Búsqueda

La noche se cierne sobre mi coche, la brisa cálida más propia de una noche de primavera se cuela por la ventanilla acariciando mi rostro todavía despierto, la música y sus vibraciones se cuelan por mi piel y erizan mi pelo. A cada calda de mi cigarro mas me introduzco en mi subconsciente, el humo producido por el mismo dibuja figuras en el interior de mi coche haciendo que me introduzca en un sueño ligero pero armónico.

Miro al horizonte y veo las luces de la civilización mientras yo oculto tras la oscuridad intento alejarme de ella, de huir. Son varias las sensaciones que circulan por mi cuerpo y los pensamientos que divagan por mi cabeza, mi mente poco a poco se va alejando de la realidad, de la noche y se va vaciando. El tiempo no existe en este momento, a cada minuto que transcurre entre el metal azul de mi coche me desvanezco, una parte de mi se escapa de mi cuerpo flotando, evaporizándose hacia el exterior, hacia el cielo. Intento comprender esta sensación que hacia tiempo que no sentía y experimentaba, me dejo llevar, no hay ningún guía en este trayecto, ya lo conozco pero hacia tiempo que no lo transitaba. El cigarro se consume al igual que el tiempo, se acerca el final, lo presiento, la comodidad del momento, la calidez del instante me hacen aferrarme mas a esta sensación que hacia tiempo que necesitaba, me he encontrado a mi mismo. Una  luz destella a mi izquierda, el fogonazo se introduce e impacta contra mi rostro escondido en la noche, la luz es tan fuerte que mis parpados se ven obligados a abrirse. Se aproxima un coche, caigo de nuevo en mi cuerpo, flotando, deslizándome de forma suave y armónica, pongo en marcha el motor y acelero.