Miedo

Me da miedo no encontrar la llama que encienda mi cigarro, que se consuma tan rápido que me llegue a quemar los dedos.

Me da miedo cerrar los ojos y tener que abrirlos forzosamente producido por una lagrima que se desborda a sus anchas por mi cara.

Me da miedo que la música deje de sonar, que la continuidad de mi banda sonora se acabe.

Me da miedo el tráfico de la ciudad, los peatones andando en su propio mundo mientras yo cruzo el paso de cebra.

Me da miedo el faro derecho fundido de mi coche, incapaz de alumbrar todos los peligros en la noche.

Me dan miedo las curvas en las cuales no alcanzas a ver más allá de tu propia nariz.

Me da miedo sentir que me caigo de la cama en un mal sueño.

Me da miedo no sentirme arropado por el edredón en invierno.

Me da miedo despertarme en mitad de la noche y que solamente queden minutos escasos para amanecer.

Me da miedo no sentir tu contacto, tus besos, tus abrazos, no oír tu voz, tu risa, tus llantos.

Me da miedo sentir tu contacto, tus besos, tus abrazos, oír tu voz, tu risa, tus llantos.

Me dan miedo las palabras, las palabras que salen de tu boca despavoridas, las palabras que guardas en el olvido.

Me dan miedo mis palabras, las palabras que escupo sin pudor, las palabras que se aferran a mi olvido.

Me da miedo la inactividad de mi teléfono móvil.

Me da miedo que mi teléfono suene, vibre y descubrir que es por tu culpa.

Me da miedo llegar a encontrar la soledad.

Me da miedo congelarme en las noches de invierno.

Me da miedo deambular solitario por las calles más inhóspitas.

Me doy miedo a mi mismo.

Me da miedo no tener miedo…

El miedo es una sensación mas que nos acompaña allí donde nos dirijamos, no importa que no haya espacio suficiente en nuestro equipaje, para el siempre tendremos un compartimento secreto. Asume tus miedos y lucha contra ellos.

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Deseo

 

La noche empezó apacible, sin hacerse notar, desterrando al sol del cielo poco a poco, silenciosamente. Fue una batalla limpia sin sangre, sin heridos, nos fue arrebatando los pequeños rayos de sol que producían pequeños atisbos de calor en nuestros cuerpos. Pero la noche le robo algunos de esos rayos al sol para que nos acostumbráramos a su presencia, quería ser querida y sabía perfectamente como hacerse querer, con lo que mas queríamos en aquella noche. El calor.

Las cervezas comenzaron solitarias, en un ambiente acogedor, con gente insignificante para mis sentimientos, pero arropado por el calor humano, por los susurros, por las conversaciones ajenas, las sonrisas. La música en un tono apacible y aceptable para mantener una conversación penetraba en los oídos de forma suave, cálida, como un paño de seda que acaricias y que no puedes dejar de tocar. Mis palabras fueron saliendo con el paso del tiempo, a cada trago de cerveza las escupía sin pudor, necesitaba sacar los sentimientos mas ocultos, mas oscuros, necesitaba que mi acompañante me escuchara, me entendiera, me acogiera, y me abrazara en la consolación. Y así fue, fue acogedor, amigable, paciente, apacible conmigo, sabía escuchar, y comprenderme que era lo más importante.

Otra cerveza refresco mi garganta seca por las palabras expulsadas al exterior, con el tercer trago de aquella bebida, de repente y sin avisar, la música desapareció, los susurros de la gente se perdieron en la noche, las conversaciones se escondieron entre las paredes del local, la multitud se evaporo de manera instantánea y silenciosa. Un frio inusual para mis sentidos se apodero de mí. La vi de lejos, entre la multitud, destacada entre la oscuridad, la belleza deslumbro con un destello negro. Me quede paralizado, sin saber donde mirar, como actuar, que decir. Mis manos quietas no podían actuar, mi boca cerrada no podía expulsar más palabras, mis ojos abiertos no podían apartar la mirada, mi corazón latía con fuerza, la sangre revolucionada en mi cuerpo chocaba entre mis venas queriendo que mis impulsos salieran a la luz y contratacaran su oscuridad.

Esperaba una noche apacible, en confianza, rodeado de calidez desprendida por la gente a la que quería. Me costó encontrarla, la incomodidad de mi cuerpo ante la sensación de impotencia iba decreciendo con el paso del tiempo, solo era capaz de amansarla al tenerla enfrente de mí a tan solo escasos centímetros de mi cuerpo solitario. Todas las sensaciones negativas desaparecieron en el momento en que su cuerpo y el mio se fundieron en un abrazo, el primero después de la debacle, el abrazo de la reconciliación, del perdón, de la compasión, un abrazo sentimental. Surgió en plena calle, a merced de la noche, del frio que poco a poco vencía ese calor que a principio de la noche nos engaño. Hubo más, pero todos en un tono desenfocado a la realidad que mi cabeza tenia plasmada. La noche nos iba venciendo, sus armas cada vez más devastadoras nos iba aniquilando uno a uno, hasta que por fin nos rendimos y la dejamos a sus anchas, que recorriera las calles, los callejones sin obstaculizar su labor.

La despedida  fue fría, seca, cortante, rápida. Un ultimo abrazo, lo intente alargar pero yo ya sabia que era imposible, mis brazos se desprendieron de su cuerpo siempre cálido, me di media vuelta y puse rumbo hacia mi vida.