Llegada y Despedida

Llegaste de nuevo, pero no para quedarte.

Es posible que no me oigas escribirte, pero seguiré gritando tinta ya que las palabras se pierden en el océano.

Nunca estuviste cerca, pero siempre te he sentido muy dentro de mi. Somos plenamente conscientes, unos más que otros, que nuestro futuro discurre por estaciones distintas. No se si creer en el destino, pero la verdad que prefiero no aferrarme a él, ya que  cada vez que intento escalar un poco mas para ver el Amanecer caigo de nuevo. Llámame ingenuo, pero puede que cada mañana lo vuelva a intentar, aunque sea perjudicial para mi Corazón.

Recuerdo los escasos abrazos y muestras de cariño que tuvimos y nos dejaron tener. No culpo a las terceras personas de ello, estaban antes y no puedo remediarlo ni tengo los conocimientos suficientes para crear una máquina del tiempo. Puede que sea mejor así, ya que cabe la posibilidad que no nos hubiéramos encontrado, somos millones de habitantes en este Mundo, y ! Oye ¡ ¿ Y si no eres tú?. Pero por ahora y tras mucho tiempo, te has ganado esa posición en mi vida, en mi “ Ranking” particular, y pase lo que pase, venga quien venga, seguirás ahí.

Espero que algún día puedas llenar el vacío que siento, que puedas consolarme y me baste hablarte al oído en vez de escribirte con la poca esperanza de que lo leas, ya sabes, el agua, tinta y papel nunca se llevaron demasiado bien.

Los dos sabemos que podemos seguir andando, nos hicimos fuertes en el camino, separados.

M.

 

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Otro Lunes más

Otro Lunes más.

Poco a poco el Otoño empieza desempaquetar las maletas dejando entrever los últimos rayos cálidos del sol los cuales buscamos con ahínco para poder refugiarnos de la soledad del frío. Rodeado de gente, de conversaciones a las que no presto atención, extraído de la realidad intento encontrarme sin éxito, integrándome con frases inacabadas, con gestos de complacencia. Te busco, pero no te encuentro. Muchas son las caras que estudio al detalle, observando impacientemente a que llegue el destello que deseo, se hace esperar. Entre el bullicio aparece una silueta, mi corazón deja de latir, el mundo se para a mi alrededor  y yo observo la posición de la gente intacta ante el deseo que siento, pestañeo incasable buscando la manera de volver, esperando a la que las manillas del reloj vuelvan a correr, sintiendo la sangre avanzando por mi cuerpo. Busco el contacto visual, pero solamente consigo un par de milésimas de segundos para poder apreciarte,  para poder disfrutar otro día más de tu sonrisa embriagadora, de tus ojos cálidos iluminando la calle, de tu pelo jugando distraídamente con el aire otoñal, hasta que por fin empieza el juego del escondite entre tú y yo, intento sonreírte pero he perdido el control de la musculatura de mi cuerpo, me siento como una marioneta llena de hilos que se han enredado en tus manos, esas manos las cuales algún día querría sentir en contacto con mi piel, acariciándome, rodeándome, sujetándome para que no vuelva a caer al abismo del que tanto sufrimiento me causó. Soy consciente de que las horas pasan mas rápido, que el anochecer pide paso en nuestras vidas, no tengo prisa, pero tampoco me sobra el tiempo, se está acabando, cada segundo que pasa es una oportunidad perdida, un palabra ahogada en el fondo de mi garganta, un beso desperdiciado, apagado y sufrido en mi interior.

Cuando por fin notaste mi presencia, tus ojos iluminaron mi rostro haciéndolo volver a la cruda realidad, fueron escasos segundos, pero bastantes para retomar las fuerzas para empezar un nuevo día.

Martes.

Miércoles .

Jueves.

Cuando despertamos por la mañana, bajamos a desayunar, nos preparamos las tostadas, calentamos el café con dos cucharillas y media de azúcar, comemos tranquilamente, te preparas la ropa concienzudamente, te duchas, te vistes, te peinas y te vas. En lo que te puede llevar un periodo de una hora, ¿cuántas veces en esa hora has pensado en ella?

Es justamente lo que me paso a mí, ese Jueves. Desde que el despertador de mi móvil se acciono y dejo salir las notas musicales por el altavoz, hasta que la vi de nuevo transcurridas tres horas, mi cabeza no paraba de dar vueltas y vueltas, era una montaña rusa, y desde arriba divisaba toda la gran ciudad que me rodeaba. Lastima que cayera estrepitosamente desde lo más alto.

No soy adivino, pero dentro de mi en lo más profundo, escondida, agazapada como un animal apunto de saltar hacia su presa sin que esta se haya percatado que esta siendo vigilada, hasta que ocurre lo inevitable, la engancha con sus garras mientras que con sus colmillos afilados la desgarra el cuello desangrándola, cayendo inerte a los pies del depredador, así, justamente así me sentí yo cuando esa sensación se dejó ver junto con la verdad. Para una vez que me enfundo el traje de Superhéroe, que me envalentono, le planto cara a los villanos, a los malhechores y estoy dispuesto a pegar el salto y surcar los cielos con mi vuelo, se tiene que cruzar el motor a reacción de un avión en mi camino, pero aunque magullado sigo conservando algún poder, en este caso el de la recuperación de mis tejidos, aunque con lentitud, pero poco a poco y dolorosamente se va cosiendo punzada a punzada mi corazón, y salir más fuerte y con más confianza, perseverancia y paciencia, porque ya se sabe que al final siempre ganan los buenos. Se que mi medicina sera su sonrisa de cada día, su mirada que  penetra en mi y paso a paso va recorriendo todo mi cuerpo para así ponerme en pie y poder devolver el gesto, poder acercarme a ella y notar su calor, su aliento, el perfume que se escapa de su cabello, poder observar con atención los surcos de sus labios, las imperfecciones que hacen la perfección de su ser, ser afortunado de volver a oír su dulce voz otro día mas, poder pasar de ser un peón manejable en el tablero de cuadros blancos y negros, pasando a ser una torre, un alfil hasta ocupar el puesto del rey, al lado de la reina. Soy plenamente consciente que que Roma no se hizo en dos días, pero todos los caminos llevan a ella, y losa a losa, el camino se crea y paso a paso te plantas frente a una de las ciudades más maravillosas de la historia, contemplando boquiabierto la maravilla de sus monumentos, sintiéndote como un guerrero en el Coliseo, derramando sangre, la tuya y la de tus adversarios hasta que te perdonan la vida.

L.

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