Oculto

Se desvaneció.

Gotas, lluvia difuminada en su rostro, lágrimas dibujando sonrisas, carcajadas mostrando debilidad, ojos albergando deseo, palabras conteniendo ira, labios encerrando pasión. El tiempo, cierra las puertas y vuelve abrirlas sin tener en cuenta si la corriente las entorna o si la fuerza es mayor que la cerradura nunca encuentra su final. Así de fácil, sencillo, como contar hasta diez, cosas de niños, o eso creemos. Pero somos engañados, despojados de todo pensamiento para caer en el olvido. Secuestrados, atados y maltratados, expuestos a torturas devastadoras, noches de insomnio y locura transitoria. Miedos que vienen y van, que se balancean con el canto de una nana infantil, la risa malévola del niño vuelve a retumbar en lo más profundo de la penumbra, el frió se introduce en tus huesos devorándolos con ímpetu y con saña, nunca se sacia. Somos débiles, una presa fácil encerrada en el territorio carnívoro de la amargura.

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Final

Todo empieza.

Su cara sonriendo atravesando los muros de la multitud, su sonrisa brillante acompañada de esos bucles rubios cayendo sobre sus pómulos. La risa entrecortada y contagiosa capaz de asilarte de la sociedad y sumirte en un sueño con un protagonista. Conversaciones extendidas por el calor de su compañía y la dulzura de su aliento. El calor de sus ojos cristalinos como mar virgen, exento  de contaminación y de la gente, expuesto solamente para que disfrutes del baño, sin prisas, pero sin pausas. Tinta impregnada en la piel, recorrida con tus delgados dedos, siguiendo un patrón hasta desembocar en el acantilado de su cuello, acariciado y besado con ímpetu. Su cara desencajada producida por el orgasmo, por el contacto físico en la fría noche, enfocados por las estrellas, siendo participes de lo salvaje, lo pasional y lo criminal. Unos labios carnosos, llenos de recovecos donde posar los tuyos, donde poder recorrerlos con tu lengua. Manos suaves, capaces de dormirte con solo su roce, o despertarte con una simple caricia.

Y todo acaba. 

 

 

Imagen

Verdadero – Falso

Me arrancaste la piel con solo tocarme, me robaste el silencio con un mínimo roce de de tus labios, me entregaste a la locura con el sonido de tus palabras, me desgarraste el corazón con un grito de pasión. Mercenario y esclavo utilizándonos  según los intereses meramente sexuales, la compasión la dejamos a medio camino de la cama, con la ropa arrancada con brutalidad haciendo que tus uñas rasgaran parte de mi cuerpo dejando un rastro de sangre hasta la habitación. Los gritos aumentaron con el transcurso de los minutos, las lágrimas desbordadas empapaban las sábanas mezclándose con nuestro propio sudor. Tus ojos clavados en los míos, tus piernas rodeando mi cintura, tu carne junto a la mía  tu boca, mi boca.
Todavía no soy plenamente consciente de si la  ficción superó la realidad, pero de lo que estoy plenamente seguro es que las cicatrices producidas por el desgarro de mi piel siguen y se realzan con la luz del amanecer.